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sábado, 18 de marzo de 2017

MINERIA


MINERIA

La plata y el plomo se extraían por fundido en hornos  de alta temperatura y una ventilación elevada. La metalurgia está en sus primeras fases en manos de la comunidad sin una especialización clara del trabajo. En cuanto a la orfebrería oretana vemos que hubo un desarrollo de esta metalurgia y cerámica y al disponer de hornos de cocción, pudo pasar al torno. Sacaban el mineral de las minas para su autoabastecimiento y para exportarlo por las diferentes vías comerciales. Debido a su proximidad con el área tartésica, los oretanos conocían la esclavitud y es posible que las minas estuvieran trabajadas por esclavos.
Según Plinio había sal en la vecina ciudad de Egelasta,  ciudad desconocida por la que pasaba la Vía Augusta y se cree que estaba en la provincia de Cuenca, la cual pertenecía al territorio de los olcades y era utilizada por los médicos y servía para las enfermedades de los ojos de los animales. Esta sal era de explotación minera como el plomo y la plata y no por evaporación como ocurría en las ciudades de la costa y zonas marítimas. También comerciarían con lapis especularis, de las minas que había en la región vecina y que les servían para hacer espejos y objetos decorativos de carácter suntuoso, que les  vendían a los fenicios, a griegos y a todos aquellos pueblos que de esos productos estaban necesitados. Por los hallazgos encontrados se sabe que en Sisapo había minas de cinabrio o bermellón (por su color) encontrado cerca de las minas de Almadén.

LAS MINAS DE ALMADEN


No se sabe cuando comenzó la explotación de la Mina de Almadén, aunque es posible que se remonte a la época de los fenicios y cartagineses. Durante la dominación romana la mina tuvo una gran importancia, pues se convirtió en el principal centro de producción de bermellón del Imperio.
    El bermellón no es otra cosa que cinabrio de gran riqueza, molido y lavado para eliminar las impurezas que contenía, generalmente de cuarzo. Se obtenía moliendo el cinabrio hasta reducirlo a polvo y, lavándolo varias veces se conseguía un color rojo muy potente. Con él se pintaban de este color múltiples cosas y objetos de lujo, desde los ojos de las estatuas de los emperadores hasta los coloretes de las mejillas de las patricias romanas.
     La importancia de esta mina nos la muestra Teophrasto cuando decía que “se estimaba mucho el cinabrio duro y de finas arenas que procedía de Hispania” o Plinio cuando nos explica que “esta mina se cerraba con llave, la cual guardaba el gobernador de la provincia y cada vez que la había de abrir era necesario una orden del Emperador, y que se volvía a cerrar en sacando la cantidad suficiente para enviar a Roma”.
    Una característica de la explotación en época romana es que la transformación del mineral se hacía en Roma, y no en Almadén. La utilización del mercurio o azogue por los romanos fue escasa, según Plinio el “argentum vivum (azogue virgen) que resuda el mineral, era útil para limpiar el oro de las impurezas”. El trabajo de la explotación fue llevado por esclavos, que tuvieron que aguantar un trabajo duro e insalubre.
    La ubicación de la mina o minas de azogue explotadas por los romanos es un tema que aún hoy en día es controvertido.   
   Actualmente se identifica a la lugar de La Bienvenida con la ciudad de Sisapo, aunque las minas de cinabrio, según Plinio, se encontraban en la región sisaponense, y no en la propia ciudad. Por ello, parece lógico pensar que la famosa mina era en realidad un conjunto formado por la minas de Las Cuevas, de Guadaperal (las cuales, al redescubrirse durante el S. XVIII, presentaban signos de haber sido explotadas por los romanos) y la mina de Almadén, que debido a una intensa explotación milenaria, ha borrado los restos de las antiguas explotaciones.
    La razón por la que el lugar de Sisapo se encontrase apartado de dichas minas se debe a que era también el centro gestor de todo un gran conjunto de minas que se localizan en esta zona de Sierra Morena.

jueves, 16 de marzo de 2017

AEMILIANA




    Según el historiador Ptolomeo, este poblado se hallaba situado en la parte occidental de Libisosa cerca de las fuentes del río Ana, que era como antiguamente se le conocía al Guadiana, en los pueblos de los oretanos.
    Algunos historiadores nos dicen que el nombre de la ciudad tendría que haber sido tomado del nombre de algunos de sus gobernadores de la familia Emilia.
 No se ha hallado la localización exacta, pero vamos a hacer una sinopsis sobre este poblado.
  La agricultura desempeñaría un carácter fundamental por estar situada en una zona completamente cerealista.
 En un terreno de vides y olivos, es lógico que hubiese una buena producción de aceite y de vino que seria exportado hacia los pueblos del exterior  a través de las vías de comunicación que tenían.
   El azafrán es uno de los productos considerables que se hallan en esta zona. Es por ello por lo que  la ciudad estaría muy transitada de comerciantes y mercaderes tanto griegos como fenicios y de otros lugares de la periferia, que iban en busca de tal preciado producto.
  El ganado ovino y porcino debió ser una de sus riquezas principales, y tendrían un buen remanente de lana para poder tejer los sagus.
   No debería ser de gran envergadura pero como todas las ciudades de la época debió ser una ciudad-estado regentada por un cabecilla que era el que los dirigía a hacer la guerra o la paz, o las diferentes alianzas con las tribus o poblados vecinos, es decir, un reyezuelo o régulo.
 Como en todos los poblados de la antigüedad habría diferentes clases sociales como  los aristócratas, los comerciantes, los mercaderes, los guerreros, los alfareros, tejedores y toda clase de talleres fueran metalúrgicos o de otras clases.
 Recordemos que estaba cerca de una de las producciones mineras más importantes, de ahí que fueran las gentes del Mediterráneo a por sus riquezas.
  Los íberos eran muy devotos, por lo que también hubo de haber un santuario dedicado a la diosa de la fertilidad, y una necrópolis que no ha sido descubierta donde incineraban a los muertos y les ponían el ajuar.
 Por el nombre, parece ser, que sobre el antiguo oppidum, los romanos en sus campañas pusieron un campamento y la llamaron Aemiliana Castra.
 Por no haber sido hallada no podemos decir si tenía o no tenía murallas y tampoco podemos decir nada en absoluto de cualquier material encontrado.
  Con la llegada de los cartagineses quizá fue destruido este poblado como muchos de ellos, es de aquí y por ello, que no conozcamos su  emplazamiento o ubicación exacta, pero lo que si se puede decir, es que se encontraba en lo que actualmente es la Provincia de Ciudad Real y como todas las ciudades limítrofes pertenecería a la Hispania Tarraconense.
   Si cogemos las coordenadas de las ciudades conocidas y a partir de ellas sacamos la posición de la ciudad de Sisapone, el lugar al que nos conduce se encuentra al norte de Almadén y debajo de la ciudad de Emiliana, que podríamos situarla en el cerro de las Monas, que es una zona de gran actividad minera, donde se produce cinabrio que era muy cotizado en la antigüedad. 
  El Cerro de las Monas es un asentamiento de tamaño mediano peromaterialmente muy rico, que preside un área de importante potencialidad agropecuaria desde una pequeña eminencia que le proporciona un gran dominio visual del entorno de las vegas del Valdeazogues y el Alcudia.
   Entre el siglo VII y la primera mitad del VI a. C. el lugar permanece abierto a los estímulos derivados de la simbiosis entre los elementos indígenas y los aportes de los contactos con los fenicios y griegos a través del sur peninsular.   
    A partir de mediados del siglo VI a. C. y hasta finales del siglo III a. C. las poblaciones se constituyen como oppidum en la mayor parte de la Oretanía.
   Y siendo así debió pertenecer al Hinterlandd de Sisapo, es decir, que tendría relaciones comerciales con esta ciudad.