sábado, 18 de marzo de 2017

EL VESTIDO ORETANO FEMENINO


    La utilización de más de un vestido o manto en cualquier grupo social va es un distintivo de valor económico; lo mismo que la presencia de una joya aumenta ese grado de riqueza según el número de adornos. Por otra parte el tipo de vestido v la morfología de las damas  indican otro valor de aspecto social, porque responden a un comportamiento del individuo en relación a su grupo. Así los vestidos y joyas o bien conservan una tradición conocida v transmitida dentro del circulo familiar, étnico, o religioso por la carga sentimental o simbólica que tienen> la cual es la fuerza de su transmisión en tanto en cuanto se mantiene el mismo estado; o bien son novedosos por múltiples factores: no tienen una tradición anterior arraigada, entran en un circulo social distinto, o porque cambian las estructuras socio-políticas de la sociedad.
      Desde esta perspectiva, el manto oblicuo es una vestimenta original de la zona sur peninsular, pero que se origina por las corrientes estilísticas del Mediterráneo llegadas en un momento de transformación de las sociedades del período orientalizante. No existe ninguna representación anterior a las del período ibérico antiguo, momento en el que surge la escultura y como ella, toda la "moda" con la inspiración y prototipos aceptados, primero del mundo oriental y posteriormente del griego. Este manto se mantiene en uso evolucionando hasta época romana. Con estas mismas corrientes se introducen también los prototipos de joyas. Y como hemos expuesto supra los colgantes en "U" son una evolución de amuletos con fuerte simbología religiosa.
    En definitiva, consideramos que la dama de Torres por sus ropas y joyas, en general, responde al perfil de una mujer adinerada y por los modelos del manto y tipo de los collares con colgante de tradición orientalizante de valor sacro (amuletos), se modela una mujer con unas raíces o tradiciones antiguas. Pero en el conjunto de joyas lleva un torques que en el mundo ibérico, entre otros valores, tiene el ser rango de la nueva clase emergente de "caballeros aristócratas" (Blánquez, 1997). Interpretamos, pues, que la dama de Torres puede representar una aristócrata, de la nueva clase dirigente ibérica -el torques distintivo de rango- pero que pertenece por herencia a la nobleza más antigua de la región por las joyas de tradición anterior conservadas como patrimonio familiar. Una dama de la misma categoría social puede considerarse la de Castellar.
     Y si el atuendo nos ha permitido algo sobre su representatividad, el análisis de la actitud que refleja la imagen, respecto al observador, nos puede acercar a desvelar su función. La dama tiene una posición estática, formando un todo en ella misma, cuyos brazos es muv posible que se proyectaran hacia delante, o se apoyaran en el cuerpo, dejando visible intencionadamente su vestimenta y joyas. Su altura estaría en una talla media, o normal, dentro de los parámetros de otras esculturas ibéricas (Ruiz Bremón, 1989, p. 113) y teniendo en cuenta que, a los 0,64 m que conserva, hay que sumar las partes perdidas. El tratamiento del cuerpo en  volumen, sin aristas frontales, permite suponer que podía ser vista desde distintos ángulos.

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