Según el historiador Ptolomeo, este
poblado se hallaba situado en la parte occidental de Libisosa cerca de las
fuentes del río Ana, que era como antiguamente se le conocía al Guadiana, en
los pueblos de los oretanos.
Algunos historiadores nos dicen que el
nombre de la ciudad tendría que haber sido tomado del nombre de algunos de sus
gobernadores de la familia Emilia.
No se ha hallado la localización exacta, pero
vamos a hacer una sinopsis sobre este poblado.
La
agricultura desempeñaría un carácter fundamental por estar situada en una zona
completamente cerealista.
En un terreno de vides y olivos, es lógico
que hubiese una buena producción de aceite y de vino que seria exportado hacia
los pueblos del exterior a través de las
vías de comunicación que tenían.
El azafrán es uno de los productos
considerables que se hallan en esta zona. Es por ello por lo que la ciudad estaría muy transitada de
comerciantes y mercaderes tanto griegos como fenicios y de otros lugares de la
periferia, que iban en busca de tal preciado producto.
El
ganado ovino y porcino debió ser una de sus riquezas principales, y tendrían un
buen remanente de lana para poder tejer los sagus.
No debería ser de gran envergadura pero
como todas las ciudades de la época debió ser una ciudad-estado regentada por
un cabecilla que era el que los dirigía a hacer la guerra o la paz, o las
diferentes alianzas con las tribus o poblados vecinos, es decir, un reyezuelo o
régulo.
Como en todos los poblados de la antigüedad habría
diferentes clases sociales como los
aristócratas, los comerciantes, los mercaderes, los guerreros, los alfareros,
tejedores y toda clase de talleres fueran metalúrgicos o de otras clases.
Recordemos que estaba cerca de una de las
producciones mineras más importantes, de ahí que fueran las gentes del
Mediterráneo a por sus riquezas.
Los íberos eran muy devotos, por lo que
también hubo de haber un santuario dedicado a la diosa de la fertilidad, y una
necrópolis que no ha sido descubierta donde incineraban a los muertos y les
ponían el ajuar.
Por el nombre, parece ser, que sobre el
antiguo oppidum, los romanos en sus campañas pusieron un campamento y la
llamaron Aemiliana Castra.
Por no haber sido hallada no podemos decir si
tenía o no tenía murallas y tampoco podemos decir nada en absoluto de cualquier
material encontrado.
Con la llegada de los cartagineses quizá fue
destruido este poblado como muchos de ellos, es de aquí y por ello, que no
conozcamos su emplazamiento o ubicación
exacta, pero lo que si se puede decir, es que se encontraba en lo que
actualmente es la Provincia de Ciudad Real y como todas las ciudades limítrofes
pertenecería a la Hispania Tarraconense.
Si cogemos las coordenadas de las ciudades
conocidas y a partir de ellas sacamos la posición de la ciudad de Sisapone, el
lugar al que nos conduce se encuentra al norte de Almadén y debajo de la ciudad
de Emiliana, que podríamos situarla en el cerro de las Monas, que es una zona
de gran actividad minera, donde se produce cinabrio que era muy cotizado en la
antigüedad.
El Cerro de las Monas es un asentamiento de
tamaño mediano peromaterialmente muy rico, que preside un área de importante
potencialidad agropecuaria desde una pequeña eminencia que le proporciona un
gran dominio visual del entorno de las vegas del Valdeazogues y el Alcudia.
Entre el siglo VII y la primera mitad del
VI a. C. el lugar permanece abierto a los estímulos derivados de la simbiosis
entre los elementos indígenas y los aportes de los contactos con los fenicios y
griegos a través del sur peninsular.
A partir de mediados del siglo VI a. C. y
hasta finales del siglo III a. C. las poblaciones se constituyen como oppidum
en la mayor parte de la Oretanía.
Y siendo así debió pertenecer al
Hinterlandd de Sisapo, es decir, que tendría relaciones comerciales con esta
ciudad.
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