A partir de las campañas arqueológicas
desarrolladas últimamente en diversos oppida de la Oretania septentrional
(Mentesa Oretana, Sisapo, Cerro de las
Cabezas y Alarcos, principalmente) han sido publicadas diversas noticias que
aportan datos importantes para el conocimiento de este territorio durante la
Edad del Hierro.
Algunos de
esos datos, convenientemente sistematizados, permiten profundizar en la
Arqueología del Culto para la época ibérica
Debido a las escasas informaciones que los
autores clásicos ofrecen sobre los aspectos religiosos de los oretanos, la
Arqueología del Culto se ha convertido
en la principal fuente de información para conocer esas prácticas.
Una clasificación sencilla de los espacios
religiosos o de culto lleva a diferenciar entre santuarios, templos urbanos,
capillas domésticas y cuevas.
Poco se sabe del mundo de los dioses
de los iberos, lo poco que se conoce es gracias a escritos de antiguos
historiadores y filósofos, y a algún que otro resto arqueológico.
De lo que sí se tiene constancia, es que animales como los toros, lobos,
linces, o buitres, formaban parte de este mundo, ya fuese como dioses,
símbolos, vínculos con el mundo mortal y sus 'espíritus', o el mundo divino.
El toro representaría la virilidad y la fuerza. El lince estaba
vinculado al mundo de los muertos.
Los buitres llevaban las almas
de los guerreros muertos en las batallas al mundo de los dioses. No se sabe
mucho más, ya que ha perdurado escasa información sobre estos asuntos.
Las necrópolis
también son espacios culturales en los
que se honra a los miembros de un grupo.
En la Oretania septentrional existe una
completa ausencia de publicaciones
sobre necrópolis ibéricas, que tradicionalmente son los espacios de culto que
han venido siendo fechados con más precisión.
Por otra parte, la existencia de santuarios
en provincias limítrofes a Ciudad Real, tales como El Pajarillo (Huelma, Jaén),
Cerrillo Blanco (Porcuna, Jaén), Cancho
Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz), El Cerro de los Santos (Montealegre del
Castillo, Albacete), Pozo Moro (Chinchilla,
Albacete), Los Altos del Sotillo (Castellar de Santiesteban, Jaén) o Collado de
los Jardines (Santa Elena, Jaén), invita a pensar que lo limitado de los datos sobre santuarios de Ciudad Real se
debe a una deficiencia de la investigación, más que a un vacío poblacional
Tenían un dios indígena guerrero que en Toya
le llamaban Poecosouvius que posiblemente fuera una forma del culto a Isis, que
luego en los romanos se asoció a Marte.
Ataecina estaba asociada al jabalí y
Nemesis a la vida infernal, documentados en Castulo.
Había una
divinidad que estaba asociada a los caballos y siempre venía entre dos caballos rampantes que bien
podría ser la
venerada Póthnia Hippôn mediterránea.
No tenían sacerdotes pero sí que tenían
importantes santuarios en los que depositaban muchas ofrendas de exvotos que no
sabemos si se trata de divinidades o dioses o de simples héroes.
Los santuarios siempre estaban en un
cruce de caminos y asociados al agua o a un manantial y era donde se hacían
pactos comerciales con la supervisión de una divinidad la cual desconocemos su
nombre. También había santuarios de carácter urbano, o cerca de los poblados
donde había un altar y se hacían ofrendas y sacrificios a los dioses con
carácter ritual.
El león es, junto al toro, el animal
más representado en la plástica
ibérica. Los leones fueron símbolos en el mundo ibérico del valor y de
la dignidad aristocrática, pero también estaban considerados, en ambientes funerarios, excelentes guardianes
y testigos perdurables del valor de los difuntos más nobles. A pesar de que el
león fue un animal desconocido para los oretanos, su figura se adoptó con toda
su carga simbólica. En ocasiones aparece en las representaciones ibéricas sin melena o sin
sus grandes garras.
Lo más probable es que la divinidad
venerada en los santuarios rurales ibéricos contase con propiedades curativas y
propiciatorias de la fecundidad, aunque también se ha planteado la
posibilidad de que algunos de los
exvotos de El Collado de los Jardines sea una
asimilación de la imagen del dios guerrero Reshef, Señor del Rayo,
El Castigador, traído por los fenicios
y con gran predicamento entre los cananeos ya desde el siglo XVIII a.C.
El grifo es un animal alado que tiene
cabeza, garras y alas de águila y cuerpo de león. Se trata de un motivo
procedente de la mitología griega y del Oriente Próximo, con una larga
tradición en el arte figurativo. Se les supuso animales que habitaban las
regiones situadas al norte de Grecia, entre los escitas, los arimaspos y los
hiperbóreos. El dios Apolo, habitante de estas tierras en invierno, era
acompañado frecuentemente por los grifos.
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