viernes, 17 de marzo de 2017

RELIGION, CULTO Y SANTUARIOS EN LA ORETANIA




    A partir de las campañas arqueológicas desarrolladas últimamente en diversos oppida de la Oretania septentrional (Mentesa Oretana,  Sisapo, Cerro de las Cabezas y Alarcos, principalmente) han sido publicadas diversas noticias que aportan datos importantes para el conocimiento de este territorio durante la Edad del Hierro.
 Algunos de  esos datos, convenientemente sistematizados, permiten profundizar en la Arqueología del Culto para la época ibérica
    Debido a las escasas informaciones que los autores clásicos ofrecen sobre los aspectos religiosos de los oretanos, la Arqueología del  Culto se ha convertido en la principal fuente de información para conocer esas prácticas.
   Una clasificación sencilla de los espacios religiosos o de culto lleva a diferenciar entre santuarios, templos urbanos, capillas domésticas y cuevas.
Poco se sabe del mundo de los dioses de los iberos, lo poco que se conoce es gracias a escritos de antiguos historiadores y filósofos, y a algún que otro resto arqueológico.
  De lo que sí se tiene constancia, es que animales como los toros, lobos, linces, o buitres, formaban parte de este mundo, ya fuese como dioses, símbolos, vínculos con el mundo mortal y sus 'espíritus', o el mundo divino.
  El toro representaría la virilidad y la fuerza. El lince estaba vinculado al mundo de los muertos.
   Los buitres llevaban las almas de los guerreros muertos en las batallas al mundo de los dioses. No se sabe mucho más, ya que ha perdurado escasa información sobre estos asuntos.
    Las necrópolis también son espacios culturales en los  que se honra a los miembros de un grupo.
    En la Oretania septentrional existe una completa ausencia de  publicaciones sobre necrópolis ibéricas, que tradicionalmente son los espacios de culto que han venido siendo fechados con más precisión.
   Por otra parte, la existencia de santuarios en provincias limítrofes a Ciudad Real, tales como El Pajarillo (Huelma, Jaén), Cerrillo Blanco  (Porcuna, Jaén), Cancho Roano (Zalamea de la Serena, Badajoz), El Cerro de los Santos (Montealegre del Castillo, Albacete), Pozo Moro  (Chinchilla, Albacete), Los Altos del Sotillo (Castellar de Santiesteban, Jaén) o Collado de los Jardines (Santa Elena, Jaén), invita a pensar  que lo limitado de los datos sobre santuarios de Ciudad Real se debe a una deficiencia de la investigación, más que a un vacío poblacional
  Tenían un dios indígena guerrero que en Toya le llamaban Poecosouvius que posiblemente fuera una forma del culto a Isis, que luego en los romanos se asoció a Marte.
   Ataecina estaba asociada al jabalí y Nemesis a la vida infernal, documentados en Castulo.
   Había una divinidad que estaba asociada a los caballos y siempre  venía entre dos caballos rampantes que bien podría ser la venerada Póthnia Hippôn mediterránea.
   No tenían sacerdotes pero sí que tenían importantes santuarios en los que depositaban muchas ofrendas de exvotos que no sabemos si se trata de divinidades o dioses o de simples héroes.
     Los santuarios siempre estaban en un cruce de caminos y asociados al agua o a un manantial y era donde se hacían pactos comerciales con la supervisión de una divinidad la cual desconocemos su nombre. También había santuarios de carácter urbano, o cerca de los poblados donde había un altar y se hacían ofrendas y sacrificios a los dioses con carácter ritual.
  El león es, junto al toro, el animal más representado en la plástica  ibérica. Los leones fueron símbolos en el mundo ibérico del valor y de la dignidad aristocrática, pero también estaban considerados, en  ambientes funerarios, excelentes guardianes y testigos perdurables del valor de los difuntos más nobles. A pesar de que el león fue un animal desconocido para los oretanos, su figura se adoptó con toda su carga simbólica. En ocasiones aparece en las representaciones ibéricas sin melena o sin sus grandes garras.
    Lo más probable es que la divinidad venerada en los santuarios rurales ibéricos contase con propiedades curativas y propiciatorias de la fecundidad, aunque también se ha planteado la posibilidad  de que algunos de los exvotos de El Collado de los Jardines sea una  asimilación de la imagen del dios guerrero Reshef, Señor del Rayo, El  Castigador, traído por los fenicios y con gran predicamento entre los cananeos ya desde el siglo XVIII a.C.
    El grifo es un animal alado que tiene cabeza, garras y alas de águila y cuerpo de león. Se trata de un motivo procedente de la mitología griega y del Oriente Próximo, con una larga tradición en el arte figurativo. Se les supuso animales que habitaban las regiones situadas al norte de Grecia, entre los escitas, los arimaspos y los hiperbóreos. El dios Apolo, habitante de estas tierras en invierno, era acompañado frecuentemente por los grifos.

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